¿Qué es el ojo de un muerto?

¿Qué es el ojo de un muerto? Un enigma filosófico

01/02/2019

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Cuando nos preguntamos qué es el ojo de un muerto, la respuesta inmediata parece simple: es un órgano que ha dejado de funcionar, una pieza biológica inerte que pertenece a un cuerpo sin vida. Sin embargo, esta pregunta, aparentemente sencilla, fue utilizada por grandes pensadores como Aristóteles y, de manera notable, por Santo Tomás de Aquino, para explorar uno de los misterios más profundos de la existencia humana: la naturaleza del alma y su relación con el cuerpo. Lejos de ser una mera cuestión forense o biológica, la discusión sobre el ojo de un muerto nos abre las puertas a un fascinante debate sobre qué nos hace ser lo que somos, qué es la vida y qué significa realmente la muerte.

¿Dónde se mueve el ojo?
" El Ojo ", como se la conoce, es una pequeña isla circular ubicada en el Delta , entre las ciudades de Campana y Zárate de la provincia de Buenos Aires , y para sorpresa de todos: se mueve sola. La isla es un círculo perfecto que está rodeado de un anillo mayor de 120 metros de diámetro. En el medio, tan solo una delgada capa de agua.

El argumento no se centra en la composición química del ojo, sino en su esencia, en aquello que lo define como tal. Para estos filósofos, un objeto no es solo la materia de la que está hecho, sino también la “forma” que le da su identidad y su propósito. A través de este ejemplo, se revela una visión del ser humano como una unidad indivisible, donde el cuerpo y el alma no son dos entidades separadas, sino dos principios constitutivos de una única realidad. Adentrémonos en este clásico argumento para comprender por qué, filosóficamente, el ojo de un muerto no es, en sentido estricto, un ojo en absoluto.

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El Argumento Central: ¿Por qué un Ojo Muerto no es un Ojo?

Para entender la profundidad de esta cuestión, debemos familiarizarnos con dos conceptos clave de la filosofía aristotélico-tomista: la materia y la forma. Esta doctrina, conocida como hilemorfismo, postula que todos los seres físicos están compuestos por estos dos principios.

  • Materia (Hylé): Es el componente físico, el “de qué” está hecho algo. En el caso del ojo, sería el conjunto de tejidos, el cristalino, la retina, el humor vítreo, etc. Es el principio de potencialidad, lo que puede recibir una forma.
  • Forma (Morphé): Es el principio organizador, la esencia, el “qué” es algo. No se trata de la figura externa, sino de la estructura interna y el principio vital que hace que una cosa sea lo que es y no otra. La forma actualiza la potencia de la materia y le confiere sus funciones y su identidad.

En los seres vivos, la forma sustancial es el alma. El alma no es un fantasma que habita en el cuerpo como un piloto en una nave, sino el principio mismo que hace que un cuerpo sea un cuerpo vivo y humano. Es el alma la que organiza la materia para que sea un organismo funcional, unificado y vivo. Sin el alma, el cuerpo no es más que un agregado de componentes químicos y biológicos en proceso de descomposición.

Aquí es donde entra en juego nuestro ejemplo. Santo Tomás de Aquino, en sus “Cuestiones disputadas sobre el alma”, afirma: “El ojo de un muerto, en efecto, se dice ojo equívocamente, como el pintado o el de una estatua”. La palabra clave aquí es “equívocamente”. Esto significa que usamos el mismo término (“ojo”) para dos realidades esencialmente distintas. Un ojo pintado tiene la apariencia de un ojo, pero no puede ver. Un ojo de una estatua tiene la forma externa, pero carece de la función y la naturaleza de un ojo real. De la misma manera, el ojo de un cadáver, aunque materialmente idéntico (al menos por un tiempo) a un ojo vivo, ha perdido su forma sustancial, su principio vital. Ha perdido la capacidad de ver, que es la función que define a un ojo como tal. Por lo tanto, llamarlo “ojo” es usar una palabra por analogía, por su apariencia pasada, pero no porque siga siendo, en su esencia, un ojo.

La Unidad del Alma y el Cuerpo

Este argumento sobre el ojo de un muerto sirve para defender una idea fundamental: la unión sustancial entre el alma y el cuerpo. Tomás de Aquino refuta la idea platónica de que el alma está “atrapada” o “utiliza” el cuerpo como una herramienta. Si el alma fuera como un piloto en una nave, la nave (el cuerpo) seguiría siendo una nave incluso sin el piloto. Pero la realidad es diferente. Cuando el alma se separa del cuerpo en la muerte, el cuerpo deja de ser lo que era.

La muerte, desde esta perspectiva, no es simplemente un cese de funciones, sino una “corrupción sustancial”. Esto significa que el compuesto “ser humano” se disuelve. La materia pierde su forma organizadora y empieza a descomponerse, volviendo a sus elementos básicos. Por eso, no solo el ojo, sino también la mano, el cerebro o cualquier otra parte de un cadáver, se nombran de forma equívoca. Una mano muerta no puede agarrar, un cerebro muerto no puede pensar. Han perdido aquello que les daba su ser y su función específica como partes de un todo viviente.

¿Qué es el ojo de un muerto?
El ojo de un muerto, en efecto, se dice ojo equívocamente, como el pintado o el de una estatua, y de manera semejante sucede con las otras partes. Y además, si el alma se hallase en el cuerpo como el piloto en la nave, se seguiría que la unión del alma y del cuerpo sería accidental.

Tabla Comparativa: Ojo Vivo vs. Ojo Muerto

Para clarificar estas diferencias fundamentales desde una perspectiva filosófica, la siguiente tabla resume los puntos clave:

CaracterísticaOjo de una Persona VivaOjo de un Cadáver
Principio Formal (Alma)Presente y activa, unificando y vivificando la materia.Ausente.
EsenciaÓrgano de la visión, parte integral de un ser humano.Materia orgánica en proceso de descomposición.
Función PrincipalVer, percibir la luz, el color y la forma.Ninguna. Ha perdido su finalidad intrínseca.
Naturaleza del NombreSe le llama “ojo” de manera propia y unívoca.Se le llama “ojo” de manera equívoca o análoga.
Relación con el TodoEs una parte funcional y dependiente del organismo vivo.Es un resto material de lo que fue un organismo.

Implicaciones en Nuestra Comprensión de la Vida y la Muerte

La distinción puede parecer un mero juego de palabras, pero sus implicaciones son enormes. Si aceptamos este argumento, nuestra visión sobre nosotros mismos cambia radicalmente.

  1. No somos fantasmas en una máquina: Rechaza el dualismo extremo que ve al cuerpo como una prisión o un vehículo desechable para el alma. Somos una unidad psico-física. Nuestro cuerpo es tan esencial para nuestra identidad humana como nuestra alma. Pensamos, sentimos y vivimos a través de nuestro cuerpo.
  2. La dignidad del cuerpo: El cuerpo no es algo inferior, sino la materia que el alma informa y perfecciona. Esto otorga una dignidad intrínseca al cuerpo humano como parte esencial de la persona.
  3. Una definición profunda de la muerte: La muerte es la separación de ese principio vital que unifica y da sentido a nuestra existencia física. No es un simple apagón biológico, sino la desintegración de la sustancia “ser humano”. El cadáver es el residuo material de una persona que ya no está ahí.

Este concepto nos invita a reflexionar sobre la maravilla de la vida. Lo que diferencia a un ser vivo de un cúmulo de materia no es una energía misteriosa, sino un principio organizador, una “forma” o alma, que dota a cada parte de su función y a todo el conjunto de su ser. El ojo vivo ve porque es parte de un todo animado; el ojo muerto no ve porque esa animación, esa forma, ha desaparecido.

Preguntas Frecuentes (FAQ)

P: Según esta filosofía, ¿un cadáver ya no es un cuerpo humano?

R: Filosóficamente, no es un cuerpo humano en el mismo sentido pleno que un cuerpo vivo. Es la materia que fue un cuerpo humano, pero al perder su forma sustancial (el alma), ha perdido también la unidad y la naturaleza que lo definían como tal. Por respeto y por su origen, lo seguimos llamando cuerpo humano, pero su esencia ha cambiado.

P: ¿Esta idea es religiosa o filosófica?

R: El argumento del hilemorfismo es puramente filosófico, originado por Aristóteles, un filósofo griego pagano. Fue posteriormente adoptado y desarrollado por pensadores de diversas tradiciones, incluyendo a filósofos medievales cristianos como Tomás de Aquino, quienes vieron en él una herramienta poderosa para explicar la naturaleza humana en consonancia con sus creencias teológicas. Sin embargo, el razonamiento en sí no depende de la fe.

P: ¿Qué ocurre con los trasplantes de órganos? ¿Un corazón trasplantado de un donante fallecido no es un corazón real?

R: Esta es una excelente pregunta moderna. Desde esta perspectiva, el corazón del donante, en el momento de la extracción, ha perdido su conexión con el alma del donante. Sin embargo, cuando se trasplanta a un receptor vivo, es “re-informado” por el alma del receptor. Pasa de ser materia orgánica a convertirse en una parte funcional e integrada del nuevo organismo vivo, asumiendo plenamente la esencia y función de un corazón.

P: ¿Por qué es tan importante la palabra “equívocamente”?

R: Es crucial porque subraya la diferencia entre apariencia y esencia. Muchas cosas pueden compartir un nombre sin compartir una naturaleza. La filosofía busca la precisión en el lenguaje para reflejar la precisión en la realidad. Al decir que el “ojo de un muerto” es un ojo equívocamente, se destaca que su verdadera identidad no reside en su composición material, sino en su forma y función, las cuales ha perdido irrevocablemente.

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