09/08/2009
Han pasado tres décadas desde que el carismático presentador Joaquín Prat nos dejara, pero su recuerdo sigue vivo, no solo en la memoria de los espectadores, sino en el corazón de su familia. Recientemente, su viuda, Marianne Sandberg, rompió su habitual discreción para sentarse en el plató de 'Y ahora, Sonsoles' y compartir los detalles más íntimos de su vida. En una conversación cargada de emoción, Marianne no solo rememoró la épica historia de amor que vivió junto a Joaquín, sino que también se sinceró sobre el doloroso drama que envuelve a su familia: la lucha contra la adicción de su hijo menor, Federico.

Una Historia de Amor Contra Viento y Marea
Toda gran historia tiene un comienzo, y la de Joaquín y Marianne parece sacada de una comedia romántica. Se conocieron en el aire, literalmente. Ella era azafata de vuelo y él, un pasajero en un viaje de negocios a Bilbao. "Por la mañana iban muy tranquilos, muy dormidos, pero por la tarde habían comido bien, habían estado bien y ya empezaron a hablar”, recordaba Marianne con una sonrisa. Ese primer encuentro casual fue el germen de una relación que desafiaría las convenciones sociales y legales de la época.
Cuando su romance comenzó, Joaquín Prat se acababa de separar de su primera esposa, Anne McKiernan, y era 22 años mayor que Marianne. Estos factores no fueron bien recibidos por la familia de la joven danesa. “A mi familia no le hacía gracia Joaquín. Era un señor separado, con dos hijas y 22 años mayor que yo, eso cualquiera se lo piensa”, confesó. Sin embargo, el carisma de Prat era arrollador y, una vez que lo conocieron, sus suegros quedaron "encantados".
Pero los obstáculos no eran solo familiares. En una España donde el divorcio aún no era legal, la pareja se enfrentó a un laberinto burocrático para poder formalizar su amor. La nulidad eclesiástica del primer matrimonio de Joaquín nunca llegó, lo que les obligó a buscar una solución alternativa. Viajaron a Dinamarca, la tierra natal de Marianne, para poder casarse. Años más tarde, con la legalización del divorcio en España en 1981, intentaron casarse de nuevo en el país, pero la negativa de la exmujer de Joaquín a concederle el divorcio retrasó el proceso dos años más. Incluso entonces, se encontraron con un problema kafkiano: para casarse en España, Marianne tenía que divorciarse de Joaquín en Dinamarca, a pesar de que era la misma persona con la que se iba a casar. “Superamos todo, por amor, superas todo”, sentenció Marianne, resumiendo la tenacidad que definió su unión.
La Sombra de la Adicción: El Drama de Federico Prat
Si bien la historia de amor con Joaquín estuvo llena de luz, la vida de Marianne también ha estado marcada por una profunda y dolorosa sombra: la adicción de su hijo Federico. Con una valentía admirable, compartió el origen de esta pesadilla. Federico trabajaba como marino mercante cuando, según su madre, el capitán del barco le ofreció cocaína. “Él navegaba y una noche el capitán puso cuatro rayas en el barco y preguntó: ‘¿Quieres probarlo?’. Y probó. Maldito capitán”, expresó con una mezcla de rabia e impotencia.

Desde ese momento, comenzó un calvario que ha durado más de una década. Marianne, como cualquier madre, se ha preguntado innumerables veces qué podría haber hecho diferente. “Piensas que si hubiera estado su padre a lo mejor no se hubiera metido en eso”, lamentó, evidenciando el vacío que la ausencia de Joaquín dejó en la familia. Describió a su hijo como "muy buena persona, muy educado", lo que hace aún más dolorosa su situación.
La lucha ha sido incansable. “He intentado todo para curarlo, pero se ve que todavía no quiere. Lo llevo haciendo muchos años, le he tenido en 20.000 sitios”, relató. A pesar de la frustración y el dolor, Marianne asegura sentirse "muy tranquila" por haber hecho todo lo que estaba en su mano. “Estás luchando contra algo que, hagas lo que hagas, no sale bien”, concluyó emocionada, poniendo palabras al sentimiento de impotencia que viven miles de familias en situaciones similares.
Un Conflicto Familiar a la Luz Pública
El drama de Federico se convirtió en un asunto público cuando él mismo concedió una entrevista en 2022, pintando un panorama desolador. Afirmó vivir en La Línea de la Concepción (Cádiz) gracias a la caridad de los vecinos, pidiendo en la calle para pagar el alquiler y aseguró tener una relación "delicada" y distante con su familia, de quienes se sentía desamparado.
Estas declaraciones provocaron una respuesta inmediata de sus hermanos, Joaquín, Alejandra y Andrea, quienes emitieron un comunicado para aclarar la situación. En él, describían a Federico como un "ser maravilloso" pero, "desgraciadamente, también un adicto". Explicaron que durante más de 12 años, tanto su madre como ellos habían intentado ayudarle a través de innumerables tratamientos, pero que finalmente "el propio Fede escogió vivir en el sur y continuar con su adicción". Dejaron claro que, a pesar de todo, su madre seguía haciéndose cargo mensualmente del alquiler de su vivienda. El comunicado pedía respeto y privacidad, concluyendo con una frase lapidaria: “Las cosas, a veces, no son lo que parecen”.

Dos Versiones de una Misma Realidad
| Aspecto | Versión de Federico | Versión de la Familia Prat |
|---|---|---|
| Situación Actual | Vive de la caridad y pidiendo en la calle. | Vive en el sur por elección propia, continuando con su adicción. |
| Ayuda Familiar | Acusa a su familia de no ayudarle. | Llevan más de 12 años intentando ayudarle y su madre paga su alquiler. |
| Relación Familiar | Es distante y delicada, apenas se hablan. | Sufren por la situación pero se mantienen unidos como una piña. |
| Estado de Adicción | Aseguró en una ocasión estar "limpio" desde hace años. | Confirman que sigue inmerso en el mundo de las drogas. |
El Legado de Joaquín Prat: Una Familia Unida
A pesar de la dolorosa situación con Federico, el legado de Joaquín Prat sigue muy presente. Tres de sus cuatro hijos con Marianne han seguido sus pasos en el mundo de la comunicación. Joaquín Prat Jr. es hoy uno de los rostros más reconocidos de la televisión, al igual que Alejandra, quien tras sus inicios con María Teresa Campos, mantiene una presencia mediática más sosegada. La más desconocida, Andrea, también se ha labrado una carrera como periodista, demostrando que el talento para la comunicación corre por sus venas.
Marianne Sandberg, por su parte, encontró de nuevo el amor tiempo después del fallecimiento de Joaquín, aunque esa relación terminó hace años. Hoy, reside en la sierra de Madrid, volcada en sus hijos y, especialmente, en sus nietos. Es el pilar que mantiene unida a una familia que, a pesar de las adversidades, se reúne los domingos para comer y comparte veranos en Mallorca, manteniendo vivas las tradiciones y, sobre todo, el recuerdo del hombre que lo empezó todo.
Preguntas Frecuentes
- ¿Cómo se conocieron Joaquín Prat y Marianne Sandberg?
Se conocieron en un vuelo en el que ella trabajaba como azafata y él era pasajero. La conversación surgió en el viaje de vuelta de Bilbao a Madrid.
- ¿Por qué tuvieron que casarse en Dinamarca?
Porque en España no existía el divorcio en esa época y Joaquín Prat no consiguió la nulidad eclesiástica de su primer matrimonio. Casarse en Dinamarca fue la única forma de formalizar su relación en ese momento.

Cuando Joaquín y Marianne iniciaron su romance, el presentador se acababa de separar de su primera mujer, Anne McKiernan, por lo que la familia de Sandberg no vio con buenos ojos esa relación: “ A mi familia no le hacía gracia Joaquín. Era un señor separado, con dos hijas y 22 años mayor que yo, eso cualquiera se lo piensa”, reconocía. - ¿Cuál es el problema que sufre Federico Prat?
Federico sufre una grave adicción a las drogas desde hace más de una década, un problema que comenzó, según su madre, cuando trabajaba como marino mercante.
- ¿Por qué la familia Prat emitió un comunicado?
Lo emitieron para responder a las acusaciones públicas de Federico, aclarar que siempre han intentado ayudarle y que siguen haciéndolo, y para pedir respeto y privacidad ante una situación familiar muy dolorosa.
La historia de Marianne Sandberg y la familia Prat es un complejo tapiz tejido con los hilos del amor incondicional, el éxito profesional, el dolor profundo y una resiliencia inquebrantable. Una prueba de que, incluso en las familias más conocidas, la vida presenta batallas tan duras como universales.
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