What are laurel's anti-manspreading chairs?

Sillas Anti-Manspreading: ¿Arte o Tortura?

17/09/2020

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En el abarrotado mundo del transporte público y los espacios compartidos, ha surgido un término que genera tanto suspiros de fastidio como acalorados debates: el "manspreading". Se refiere a la práctica, generalmente masculina, de sentarse con las piernas tan abiertas que se invade el espacio personal ajeno. Mientras algunos lo consideran una simple falta de cortesía, otros lo ven como un microcosmos de problemas sociales más profundos. En medio de esta controversia, una joven diseñadora ha decidido llevar el debate del plano verbal al físico, creando un mueble que es, a la vez, una solución, una provocación y una obra de arte: la silla anti-manspreading.

What are laurel's anti-manspreading chairs?
Laurel posted photos of her anti-manspreading chairs on her Instagram and called them a “Solution for Man-Spreading.” The chairs, which are made from Sycamore and Cherry wood, are triangular and forces men to close their legs. It appears like a modern-day chastity chair for men and it hurts just looking at it.
Índice de Contenido

El Origen de una Idea Polémica

La mente detrás de este proyecto es Laila Laurel, una recién graduada en Diseño y Artesanía 3D de la Universidad de Brighton, en Inglaterra. Motivada por sus propias experiencias y enmarcada en lo que ella denomina la "cuarta ola del feminismo", Laurel se inspiró en plataformas como el "Everyday Sexism Project" de Laura Bates, que recopila testimonios de sexismo cotidiano. Su objetivo no era solo crear un objeto funcional, sino materializar una frustración compartida por muchas mujeres y, con ello, forzar una conversación sobre cómo ocupamos el espacio según nuestro género.

El resultado es un par de sillas conceptuales, fabricadas con madera de sicomoro y cerezo, que funcionan como un espejo la una de la otra. Su proyecto, titulado "Una Solución para el Man-Spreading", no deja a nadie indiferente y ha puesto el foco en un comportamiento que, hasta hace poco, pasaba desapercibido para muchos.

Un Diseño Dual: Restricción y Expansión

Lo más fascinante del trabajo de Laurel es que no se limita a una sola silla, sino que presenta un dúo que aborda el problema desde dos perspectivas opuestas. Cada silla está diseñada con un propósito muy específico, utilizando la forma para influir directamente en la postura del usuario.

La Silla para Hombres: Un Embudo Inevitable

La pieza que ha captado toda la atención es la silla diseñada para hombres. Su asiento no es plano ni cóncavo, sino que tiene una forma triangular que se estrecha hacia el frente, como un embudo. Esta geometría obliga físicamente a quien se siente a juntar las rodillas. El efecto es inmediato y no deja lugar a la interpretación. Algunos la han descrito, con una mezcla de humor y horror, como una "silla de castidad moderna". La simple imagen de la silla evoca una sensación de incomodidad, un recordatorio físico y constante de la restricción espacial. Es una pieza que no sugiere, sino que impone una forma de sentarse.

Who designed manspreading chairs?
Design Academy Eindhoven graduate Anna Aagaard Jensen also designed a series of manspreading chairs that encourage women to claim more space with their bodies when sitting, and are off-limits to men.

La Silla para Mujeres: Una Invitación a Ocupar Espacio

En contraparte, Laurel diseñó una segunda silla destinada a las mujeres. Esta presenta un diseño opuesto: en el centro del asiento se eleva una pequeña cuña de madera. Este obstáculo central anima a la usuaria a separar las piernas para sentarse cómodamente, adoptando una postura más abierta y ocupando más espacio. Es una invitación a desafiar la norma social implícita que a menudo lleva a las mujeres a encogerse y a ocupar el menor espacio posible. Si la silla masculina restringe, la femenina libera.

Reacciones Encontradas: Entre el Aplauso y la Crítica

Como era de esperar, el proyecto de Laila Laurel ha desatado un torbellino de opiniones. Por un lado, ha recibido un reconocimiento significativo en el mundo del diseño. Su creación le valió el prestigioso Belmond Award para talentos emergentes, un premio otorgado por la lujosa cadena hotelera. El jurado elogió la obra como "un diseño audaz y con un propósito que explora el importante papel del diseño en la configuración del espacio, el comportamiento de una persona y los problemas sociales de hoy". Este galardón no solo le otorgó más de 1.000 dólares en premios, sino también un contrato para crear productos para la cadena Belmond.

Sin embargo, fuera de los círculos del diseño, la reacción ha sido mucho más polarizada. Los críticos argumentan que el diseño ignora por completo la anatomía masculina, señalando que los hombres necesitan sentarse con cierta separación por razones biológicas y de comodidad. Han calificado la silla de "dispositivo de tortura" y han señalado una solución irónica y sencilla: simplemente se le puede dar la vuelta a la silla para sentarse cómodamente con las piernas abiertas. Otros han traído a colación el concepto de "bagspreading", la práctica de ocupar asientos adyacentes con bolsos y compras, un comportamiento más asociado a las mujeres, sugiriendo que el problema del espacio en el transporte público no tiene un único género.

Tabla Comparativa de las Sillas

CaracterísticaSilla "Anti-Manspreading" (para hombres)Silla "Pro-Womanspreading" (para mujeres)
Objetivo PrincipalForzar al usuario a sentarse con las piernas juntas.Incentivar a la usuaria a sentarse con las piernas separadas.
Diseño del AsientoForma triangular que se estrecha hacia adelante.Asiento plano con una pequeña cuña de madera en el centro.
Mensaje SimbólicoCrítica a la invasión del espacio personal.Empoderamiento para ocupar más espacio.
Crítica ComúnIgnora la anatomía masculina y es incómoda.Menos controvertida, pero parte del mismo debate polarizador.

Más Allá del Mueble: El Manspreading como Fenómeno Global

Aunque las sillas de Laurel son una manifestación artística, el problema que abordan es muy real. El "manspreading" ha sido objeto de campañas oficiales en varias de las ciudades más grandes del mundo. En 2014, la Autoridad de Transporte Metropolitano de Nueva York (MTA) lanzó la campaña "Dude, Stop the Spread" (Amigo, deja de expandirte), con carteles en el metro para concienciar sobre el problema. Siguiendo este ejemplo, en 2017, Madrid prohibió oficialmente el "manspreading" en todos sus trenes y autobuses, instalando señalización que mostraba a una figura masculina ocupando demasiado espacio con una gran "X" roja encima. Estos precedentes demuestran que el debate que Laila Laurel ha encapsulado en madera es una preocupación social legítima y extendida.

Preguntas Frecuentes (FAQ)

¿Quién diseñó las sillas anti-manspreading?

Fueron diseñadas por Laila Laurel, una graduada de la Universidad de Brighton, como parte de su proyecto final de carrera.

Could a triangular chair solve manspreading?
Laila Laurel, a 3D Design & Craft graduate from the University of Brighton, has designed a chair that features a triangular seat which encourages men to sit with their legs closed, creating a potential solution to the scourge of manspreading.

¿Son estas sillas un producto comercial?

No, actualmente son piezas de diseño conceptual. Su propósito principal es artístico y de comentario social, no la producción en masa para la venta al público.

¿Cuál es el material de las sillas?

Están fabricadas con una combinación de madera de Sicomoro y Cerezo.

¿Qué premio ganó este diseño?

El proyecto ganó el Belmond Award para talentos emergentes, que reconoce diseños imaginativos y con un propósito claro.

¿Es el "manspreading" un problema real?

Sí, es reconocido como un problema de etiqueta y uso del espacio público en muchas partes del mundo, hasta el punto de que ciudades como Madrid y Nueva York han lanzado campañas oficiales para desalentarlo.

En conclusión, las sillas de Laila Laurel son mucho más que simples muebles. Son un catalizador de conversaciones, un reflejo físico de un debate social y un ejemplo brillante de cómo el diseño puede trascender la funcionalidad para convertirse en una poderosa herramienta de comentario. Independientemente de si se consideran una genialidad feminista o una exageración provocadora, han cumplido con creces su objetivo: nadie que las ve puede evitar pensar en cómo nos sentamos, cómo compartimos el espacio y las normas no escritas que dictan nuestra interacción diaria. Nos obligan a preguntarnos: ¿es una silla solo un lugar para descansar, o puede ser también un manifiesto?

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