21/12/2024
Existe un hilo invisible que conecta todas las culturas y credos de la humanidad: la profunda convicción de que nuestras acciones, buenas o malas, nos serán devueltas. Es una ley tan fundamental como la gravedad, conocida como Karma, la Regla de Oro o, en un proverbio ruandés, de una forma tan directa como certera: “Lo que das -o haces- a los demás, eso te darán -o harán- a ti”. Este principio de reciprocidad es la base de la convivencia y la paz. Sin embargo, la historia humana está también marcada por quienes, desde posiciones de poder, han decidido ignorar esta ley, dejando tras de sí un legado de dolor y controversia, y por aquellos que intentan silenciar el eco de esas acciones para reescribir el pasado. Este artículo explora esas tres facetas de la condición humana: el ideal de la reciprocidad, la indiferencia del poder absoluto y la peligrosa negación de la historia.

La Regla de Oro: Un Código Moral Universal
La idea de tratar a los demás como nos gustaría ser tratados no es exclusiva de una sola fe, sino un pilar ético compartido por las grandes religiones del mundo. Como señaló el Cardenal Francis Arinze, aunque la dimensión principal de la religión es vertical (hacia Dios), la dimensión horizontal (hacia el prójimo) es una consecuencia inmediata e ineludible. Este principio no es una simple sugerencia, sino la base para construir una sociedad justa y pacífica. Cuando una religión enseña el amor al prójimo, está sentando las bases para evitar el enfrentamiento y fomentar la armonía, incluso en un mundo cada vez más plural.
La universalidad de este concepto es asombrosa y demuestra una comprensión común de la empatía humana. Es una llamada a la acción positiva y a la contención de los impulsos dañinos, reconociendo que el dolor que infligimos a otros es, en esencia, un dolor que no querríamos para nosotros mismos.
Un Mismo Mensaje, Distintas Voces
Para ilustrar esta convergencia, podemos observar cómo las principales tradiciones espirituales y filosóficas del mundo han formulado esta misma idea central. Aunque las palabras cambian, la esencia permanece intacta.
| Religión / Filosofía | Máxima de Reciprocidad |
|---|---|
| Cristianismo | "Todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos". (Mt 7, 12) |
| Hinduismo | "El deber supremo es no hacer a los demás lo que te causa dolor cuando te lo hacen a ti". (Mahabharata 5, 15, 17) |
| Budismo | "No hieras a los demás, para que no te encuentres herido tú también". (Udanavarga 5, 18) |
| Confucianismo | "La benevolencia máxima consiste en no hacer a los demás lo que no quieras que te hagan a ti". (Analectas Rongo, 15, 23) |
| Judaísmo | "Lo que para ti es odioso, no lo hagas a tu prójimo. En esto consiste toda la Ley; todo lo demás es un comentario". (Talmud, Shabbat 31 a) |
| Islam | "Ninguno de vosotros es creyente si no ama a su hermano como a sí mismo". (Las 42 tradiciones de An-Nawawi) |
| Religión Tradicional Africana | "Lo que das -o haces- a los demás, eso te darán -o harán- a ti". (Proverbio ruandés) |
"Ahí te dejo eso": El Legado Indiferente del Poder
En el extremo opuesto a la Regla de Oro se encuentra el ejercicio del poder absoluto, un lugar donde la empatía es a menudo reemplazada por la razón de Estado y la autojustificación. Un ejemplo paradigmático es la figura del presidente mexicano Gustavo Díaz Ordaz. Su mandato estuvo definido por una línea dura, un control férreo y una desconfianza hacia cualquier forma de disidencia. Como lo describe el extracto de "La Presidencia Imperial", su estilo era el del poder puro y desnudo, sin adornos ni concesiones.

Su presidencia culminó en uno de los episodios más oscuros de la historia moderna de México: la masacre de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas el 2 de octubre de 1968. En sus memorias, Díaz Ordaz construyó una narrativa en la que las fuerzas armadas fueron víctimas de "jóvenes idealistas" que disparaban desde las azoteas. Su versión, llena de omisiones y datos erróneos, no buscaba el perdón ni la reconciliación, sino la validación de sus propias decisiones. No había remordimiento, solo la convicción del deber cumplido para preservar un México que, según él, "nos lo quieren cambiar".
La frase final que dirigió a su hijo al entregarle sus memorias, “Ahí te dejo eso, para que hagas lo que quieras”, es profundamente reveladora. No es una petición de justicia histórica ni un intento de explicar sus acciones a la posteridad. Es un acto de desprendimiento, de abdicación de la responsabilidad sobre su propio legado. Es la antítesis de la Regla de Oro; es la manifestación de un poder que se considera por encima del juicio de los demás, un poder al que la historia y el pueblo le importaban "un carajo". El eco de sus acciones fue una herida profunda en la sociedad mexicana, pero para él, era simplemente "eso", un conjunto de papeles que ya no le concernían.
"De eso no se habla": La Conspiración del Silencio
Si el legado de Díaz Ordaz representa la indiferencia del poder ante sus consecuencias, existe una tercera actitud aún más siniestra: el intento activo de borrar o reinterpretar los hechos para negar el sufrimiento infligido. Esto es lo que representa el programa de radio argentino “De eso no se habla”, un espacio que se autodenomina “la voz de los presos políticos” pero que, en realidad, defiende a represores condenados por delitos de lesa humanidad durante la última dictadura militar.
El caso de la masacre de la calle Corro, donde murió María Victoria Walsh y otros cuatro miembros de Montoneros, es un ejemplo escalofriante de las atrocidades que este programa busca justificar. La investigación judicial revela una meticulosa operación de inteligencia militar, iniciada a través de la tortura. Ernesto “Nabo” Barreiro, esposo de una de las conductoras del programa, fue una pieza clave. Según testimonios y su propio legajo militar, obtuvo la dirección de la casa en Buenos Aires tras torturar a una militante en el centro clandestino La Perla, en Córdoba. Incluso se jactó de su “trabajo de investigación personal” que condujo a la “destrucción de la secretaría política nacional de Montoneros”.
El nombre del programa, “De eso no se habla”, es una declaración de intenciones. Es un intento de imponer un pacto de silencio sobre los crímenes más atroces, de invertir los roles de víctima y victimario. Mientras la Regla de Oro nos pide ponernos en el lugar del otro, esta postura exige que ignoremos el lugar del otro, que borremos su dolor y neguemos la justicia. Es la máxima perversión de la memoria, donde el eco de las balas y los gritos es ahogado por una voz que susurra: “aquí no pasó nada”.

Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Qué es exactamente la "Regla de Oro"?
Es un principio ético fundamental que postula tratar a los demás de la misma forma en que uno quisiera ser tratado. Como se ha mostrado, es un concepto presente en casi todas las grandes religiones y filosofías del mundo, sirviendo como base para la empatía y la convivencia pacífica.
¿Por qué la frase de Díaz Ordaz es tan significativa?
La frase “Ahí te dejo eso, para que hagas lo que quieras”, dicha al entregar sus memorias, es significativa porque encapsula su total desapego de la responsabilidad histórica. No busca justificar sus acciones ante el pueblo ni la historia, sino simplemente delegar el manejo de su versión de los hechos, mostrando una profunda indiferencia por el juicio de la posteridad y el dolor causado, especialmente en relación con la masacre de Tlatelolco.
¿Cuál es el peligro de programas como "De eso no se habla"?
El principal peligro es el negacionismo histórico. Al defender a personas condenadas por crímenes de lesa humanidad y intentar silenciar el debate sobre las atrocidades de la dictadura, estos programas atentan contra la memoria colectiva, la justicia y la dignidad de las víctimas. Buscan reescribir la historia para exculpar a los culpables, lo que impide la sanación de las heridas sociales y abre la puerta a la repetición de la historia.
¿Cómo se conectan estos tres temas aparentemente distintos?
Se conectan a través del concepto central de la acción y su consecuencia. La Regla de Oro representa el ideal: actuar con empatía porque entendemos la reciprocidad. El legado de Díaz Ordaz representa la indiferencia del poder: actuar sin considerar las consecuencias para los demás, creyéndose por encima del juicio. Y "De eso no se habla" representa la negación: intentar borrar las consecuencias de las acciones para evadir la responsabilidad. Juntos, muestran el espectro de la respuesta humana a la ley fundamental de que todo lo que hacemos tiene un eco.
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