01/03/2019
Hay un viejo adagio que resuena en las salas de estrategia y en las conversaciones de pasillo: "el enemigo de mi enemigo es mi amigo". Es una frase que suena lógica, casi matemática, pero la historia nos ha demostrado una y otra vez que es un mito abrazado por ingenuos, una fórmula para el desastre. En el mejor de los casos, el enemigo de tu enemigo es un aliado temporal, una pieza en el tablero cuyo interés coincide con el tuyo por un breve instante. Considerarlo algo más es un error garrafal. La historia está repleta de ejemplos, pero pocos son tan complejos y llenos de traiciones como la relación entre Estados Unidos, Irak, Irán y Kuwait durante las últimas décadas del siglo XX.

Antes de sumergirnos en ese nido de víboras, recordemos un ejemplo más conocido. Durante la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética de Stalin se alió con Estados Unidos y las potencias occidentales para derrotar a un enemigo común: la Alemania nazi. ¿Cuánto duró esa "amistad"? Apenas lo suficiente para celebrar la victoria. Inmediatamente después, se transformó en una Guerra Fría de cuarenta y cinco años que dividió al mundo, costó millones de vidas y billones de dólares. La lección es clara: un enemigo común no borra las diferencias fundamentales ni crea lazos de confianza. Simplemente pone en pausa las hostilidades.
La Volátil Relación entre Irak y Estados Unidos: Un Caso de Estudio
La danza mortal entre Estados Unidos e Irak durante casi cuarenta años es el ejemplo perfecto de cómo las alianzas por conveniencia están destinadas a implosionar. Esta relación no nació de valores compartidos ni de una amistad genuina, sino de un odio común hacia un tercer actor: Irán. Mientras que la enemistad entre Irak e Irán era histórica, Estados Unidos se convirtió en enemigo acérrimo de Irán tras la revolución de 1979, el derrocamiento del Shah y la infame crisis de los rehenes en la embajada estadounidense en Teherán.
El Apoyo Inicial de EE. UU. a Irak
En 1980, Saddam Hussein, buscando capitalizar el caos de la revolución iraní, lanzó una invasión a gran escala, dando inicio a la brutal Guerra Irán-Irak. Para Estados Unidos, Hussein era el mal menor. Estaba luchando contra su nuevo archienemigo, Irán, y al mismo tiempo reprimía a los partidos comunistas con influencia soviética dentro de Irak. Esta doble función lo convirtió en un aliado estratégico para Washington. En consecuencia, la administración estadounidense tomó medidas significativas para apoyar a su nuevo socio:
- Eliminó a Irak de la lista de estados patrocinadores del terrorismo.
- Restauró las relaciones diplomáticas plenas con el régimen de Bagdad.
- Comenzó a suministrar a Irak tecnología y recursos, incluyendo aviones Boeing.
En esencia, Estados Unidos estaba armando y legitimando a un dictador porque servía a sus intereses geopolíticos del momento. Era un pacto con el diablo que, como era de esperar, acabaría mal.
La Primera Traición: EE. UU. Vende Armas a Irán
La naturaleza cínica de esta alianza no tardó en manifestarse. En 1985, en uno de los episodios más turbios de la política exterior estadounidense, conocido como el escándalo Irán-Contra, la administración Reagan comenzó a vender armas secretamente a Irán. ¿La razón? Un grupo de supuestos moderados iraníes se acercó a EE. UU. con la promesa de negociar la liberación de rehenes estadounidenses en el Líbano a cambio de armamento. Así, mientras públicamente apoyaba a Irak, Estados Unidos armaba a su enemigo, Irán, para que usara esas armas contra su supuesto aliado, Irak. La definición de un falso amigo no podría ser más clara.
La Invasión de Kuwait: Una Red de Traiciones
El fin de la guerra Irán-Irak en 1988 no trajo la paz a la región. En su lugar, sentó las bases para el siguiente gran conflicto. En 1990, Irak invadió a su pequeño y rico vecino, Kuwait. La comunidad internacional lo condenó como un acto de agresión no provocada, pero la historia completa es mucho más compleja y revela una red de traiciones en la que nadie tenía las manos limpias.
Kuwait: El Aliado que se Convirtió en Adversario
Durante la guerra contra Irán, Kuwait había sido un aliado crucial para Irak, proporcionándole préstamos masivos para financiar su esfuerzo bélico. Irak se veía a sí mismo como el baluarte del mundo árabe contra la revolución iraní, defendiendo a estados como Kuwait. Al terminar la guerra, con su economía en ruinas, Irak pidió a Kuwait que perdonara parte de la deuda, argumentando que había luchado en nombre de ambos. Kuwait se negó rotundamente.
Pero la traición fue más allá. En un mercado petrolero saturado, Irak presionó a la OPEP para que redujera la producción y así subieran los precios, lo que era vital para su reconstrucción. Kuwait no solo se opuso, sino que aumentó su producción, haciendo que los precios cayeran aún más y costándole a Irak miles de millones. Para colmo, Irak acusó a Kuwait de robar petróleo de su campo de Rumaila mediante la técnica de perforación inclinada. El aliado de ayer se había convertido en un vampiro económico.
La Ambigüedad Calculada de Estados Unidos
Desesperado, Saddam Hussein buscó la mediación internacional, pero no recibió ayuda. En una infame reunión, la embajadora de EE. UU. en Irak, April Glaspie, le dijo a Hussein: "No tenemos opinión sobre los conflictos árabe-árabes, como su desacuerdo fronterizo con Kuwait". Más tarde, añadió: "Admiro sus extraordinarios esfuerzos para reconstruir su país".
Este lenguaje fue, en el mejor de los casos, una negligencia diplomática catastrófica; en el peor, una luz verde implícita. Cuando Hussein planteó la idea de usar la fuerza, el Departamento de Estado de EE. UU. respondió que "no tenía compromisos especiales de defensa o seguridad con Kuwait". Aunque quizás no fuera su intención, Estados Unidos prácticamente le dijo a Saddam Hussein que el camino estaba despejado.
La Maquinaria de Propaganda y la Hipocresía Presidencial
Cuando la invasión ocurrió, Estados Unidos, que había contribuido a crear las condiciones para ella, se posicionó como el campeón de la justicia internacional. Para justificar la intervención militar, se puso en marcha una potente campaña de propaganda de guerra.
El presidente George H.W. Bush primero calificó la invasión de "ataque no provocado", una mentira evidente dadas las disputas económicas y fronterizas. Cuando eso no fue suficiente para galvanizar a la opinión pública, recurrieron a una de las mentiras más infames de la historia moderna: la historia de que soldados iraquíes entraban en hospitales kuwaitíes, sacaban a los bebés de las incubadoras y los dejaban morir en el suelo. Esta historia, completamente fabricada, horrorizó al mundo y allanó el camino para la Operación Tormenta del Desierto.
La Doble Moral de George H.W. Bush
La hipocresía alcanzó su punto álgido al observar la propia conducta del presidente Bush. Menos de un año antes, en diciembre de 1989, Bush había ordenado una invasión a gran escala de Panamá para capturar a Manuel Noriega, un antiguo activo de la CIA. La invasión, descrita como brutal, causó miles de muertes, en su mayoría civiles, y se llevó a cabo con un bloqueo mediático. Sin embargo, el mismo presidente que ordenó esta operación se atrevió a mostrarse indignado por la invasión de Hussein a Kuwait, demostrando una flagrante doble moral.
La Segunda Guerra de Irak: Mentiras a Escala Global
La saga de traiciones no terminó ahí. Una década después, el hijo del presidente, George W. Bush, prepararía al público estadounidense para otra guerra contra Irak. Esta vez, la justificación se basaría en una mentira aún mayor.
Aprovechando el miedo y el trauma de los ataques del 11 de septiembre, la administración Bush impulsó implacablemente la afirmación de que Irak poseía un arsenal de armas de destrucción masiva (ADM) y que representaba una amenaza inminente para el mundo. A pesar de la falta de pruebas creíbles y de los informes de los inspectores de la ONU que no encontraban nada, el tambor de la guerra sonó hasta que el Congreso autorizó el uso de la fuerza. En marzo de 2003, la invasión comenzó.
Nunca se encontraron armas de destrucción masiva. La guerra se basó en una premisa falsa. Los intentos de vincular a Saddam Hussein con Al Qaeda también fracasaron. Quizás lo más irresponsable fue que la administración Bush no tenía ningún plan para la posguerra. Derrocaron un régimen y dejaron un vacío de poder absoluto, esperando que la democracia floreciera mágicamente en medio del caos. El resultado fue la desestabilización completa de la región, una sangrienta guerra civil y el surgimiento de grupos extremistas aún más peligrosos, como ISIS, que odian a Estados Unidos con una ferocidad renovada.
Tabla Comparativa: Justificaciones vs. Realidad
| Justificación de EE. UU. para la Acción Militar | Realidad de los Hechos |
|---|---|
| Invasión "no provocada" de Kuwait por Irak (1990) | Precedida por disputas fronterizas, robo de petróleo por parte de Kuwait y deudas de guerra impagadas. |
| Bebés sacados de incubadoras por soldados iraquíes | Testimonio falso organizado por una empresa de relaciones públicas; una mentira de propaganda. |
| Irak poseía armas de destrucción masiva (2003) | Nunca se encontraron armas de destrucción masiva; la inteligencia fue manipulada. |
| Vínculos entre Saddam Hussein y Al Qaeda | No existía ninguna conexión operativa probada entre el régimen laico de Hussein y el grupo yihadista. |
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Por qué "el enemigo de mi enemigo es mi amigo" es una idea peligrosa?
Es peligrosa porque ignora las motivaciones y objetivos a largo plazo de tu "aliado" temporal. Una vez que el enemigo común es derrotado o deja de ser una amenaza, los intereses divergentes salen a la superficie, a menudo de forma violenta, llevando a la traición y a conflictos peores.
¿Por qué Estados Unidos apoyó a Saddam Hussein inicialmente?
Lo apoyó durante la guerra Irán-Irak porque servía a dos de sus principales intereses en ese momento: debilitar a la recién formada República Islámica de Irán y combatir la influencia soviética en la región.
¿Cuál fue el verdadero motivo de la invasión de Irak a Kuwait?
Fue una combinación de factores económicos y territoriales. Irak estaba ahogado por las deudas de la guerra, acusaba a Kuwait de hundir los precios del petróleo y de robar sus reservas, y tenía reclamaciones históricas sobre el territorio kuwaití.
¿Se encontraron realmente armas de destrucción masiva en Irak?
No. A pesar de una búsqueda exhaustiva tras la invasión de 2003, no se encontró evidencia de un programa activo de armas de destrucción masiva, lo que demostró que la principal justificación para la guerra era falsa.
En conclusión, la historia de estas alianzas fallidas es una advertencia. Creer que el enemigo de tu enemigo será tu amigo es un atajo mental que conduce al desastre. Las relaciones internacionales, como las personales, requieren algo más que un adversario compartido para ser estables. Requieren un mínimo de confianza, valores alineados y objetivos a largo plazo compatibles. Sin eso, solo estás esperando la inevitable puñalada por la espalda.
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