09/08/2018
La relación entre Austria y Hungría es una de las más complejas y fascinantes de Europa. No son simplemente dos países vecinos que comparten una frontera de más de 300 kilómetros; son herederos de una historia común que los unió bajo una misma corona durante medio siglo, forjando un legado que aún hoy resuena en su cultura, su arquitectura y su gente. Para entender la Europa Central de hoy, es indispensable viajar en el tiempo y explorar la saga de dos naciones que pasaron de ser el corazón de un vasto imperio a ser socios en un continente unificado, con un muro ideológico de por medio.

Un Imperio, Dos Coronas: El Nacimiento de Austria-Hungría
El año 1867 marcó un antes y un después en la historia de la región con la creación del Imperio Austrohúngaro. No se trataba de una conquista, sino de un pacto, el Compromiso Austrohúngaro, que elevaba al Reino de Hungría a un estatus casi igual al del Imperio Austríaco. Nacía así una monarquía dual, una superpotencia en el corazón de Europa gobernada por la dinastía de los Habsburgo. Francisco José I no era solo Emperador de Austria, sino también Rey de Hungría. Viena y Budapest se convertían en las dos capitales de un imperio colosal.
Con una superficie de más de 621,000 kilómetros cuadrados, era el segundo país más grande de Europa, solo superado por el Imperio Ruso. Su población, de casi 53 millones de habitantes en 1910, lo convertía en la tercera nación más poblada, por detrás de Rusia y Alemania. Este gigante estaba dividido administrativamente en tres grandes bloques: las tierras austríacas, que representaban el 56% de la población; las tierras húngaras, con el 41%; y Bosnia-Herzegovina, administrada conjuntamente y que albergaba al 3% restante. Su poder no era solo demográfico o territorial; el imperio desarrolló la cuarta industria de construcción de maquinaria más grande del mundo, un testimonio de su avanzada capacidad tecnológica y económica.
Un Mosaico de Pueblos y Culturas
La característica más definitoria del Imperio Austrohúngaro era su increíble diversidad. Lejos de ser un estado-nación homogéneo, era un verdadero crisol de etnias, idiomas y religiones. Aunque los alemanes (23.4%) y los húngaros (20.0%) eran los grupos dominantes en sus respectivas esferas de influencia, convivían con una docena de otras nacionalidades. Las calles de Viena, Praga, Budapest o Sarajevo eran un hervidero de lenguas.

La distribución lingüística en 1910 nos da una idea clara de esta complejidad:
- Checo: 12.5%
- Serbo-Croata: 10.9%
- Polaco: 9.9%
- Rutenio (Ucraniano): 7.8%
- Rumano: 6.3%
- Eslovaco: 3.8%
- Esloveno: 2.4%
- Italiano: 1.5%
Esta diversidad, si bien enriquecedora, también fue una fuente constante de tensiones nacionalistas que, a la larga, contribuirían a la desintegración del imperio. Las diferencias no eran solo étnicas. El desarrollo también era desigual. Mientras que en las provincias austríacas occidentales la alfabetización superaba el 90% en 1910, en algunas zonas rurales de Hungría apenas llegaba al 30%. Era un imperio de contrastes, donde la modernidad de Viena convivía con formas de vida casi feudales en los Cárpatos.
El Ocaso del Imperio y el Nacimiento de Dos Naciones
La Primera Guerra Mundial fue el catalizador que hizo estallar las tensiones acumuladas durante décadas. Como una de las Potencias Centrales, la derrota del Imperio Austrohúngaro en 1918 significó su disolución inmediata. De sus cenizas surgieron nuevas naciones y otras vieron sus fronteras redibujadas. Austria y Hungría, antes pilares del imperio, se convirtieron en dos países separados, humillados y drásticamente reducidos en tamaño.
El Tratado de Trianon de 1920 fue especialmente devastador para Hungría, que perdió más de dos tercios de su territorio histórico y millones de húngaros étnicos se convirtieron de la noche a la mañana en ciudadanos de Rumanía, Checoslovaquia o Yugoslavia. Para Austria, el Tratado de Saint-Germain-en-Laye prohibió su unificación con Alemania y la convirtió en una pequeña república alpina. En este contexto de redefinición territorial, surgió una disputa directa entre los dos nuevos vecinos. La región de Burgenland (conocida en húngaro como Deutsch-Westungarn), de mayoría germanohablante pero perteneciente a Hungría durante siglos, fue cedida a Austria. Sin embargo, Hungría se negó a entregar su capital natural, Sopron. Se celebró un referéndum que resultó favorable a Hungría, una decisión que, aunque cuestionada por Austria, fue aceptada, marcando la frontera que conocemos hoy.

Separados por el Telón de Acero
Tras la Segunda Guerra Mundial, el destino de Austria y Hungría volvió a divergir drásticamente. Mientras Austria, tras un período de ocupación aliada, se consolidó como una república neutral y capitalista, Hungría cayó bajo la esfera de influencia soviética, convirtiéndose en un estado comunista. La frontera que antes era un mero trámite administrativo se transformó en una barrera física y mortal: el Telón de Acero.
Esta división tuvo su momento más trágico durante la Revolución Húngara de 1956. Cuando los ciudadanos húngaros se levantaron contra el régimen prosoviético, la brutal represión del Ejército Rojo provocó un éxodo masivo. Decenas de miles de refugiados huyeron hacia la libertad, y Austria, a pesar de su política de neutralidad, abrió sus fronteras y los acogió con una enorme solidaridad. El puente de Andau se convirtió en un símbolo de escape y esperanza para una generación. Esta experiencia forjó un profundo lazo humano entre ambos pueblos, incluso cuando sus gobiernos estaban en lados opuestos de la Guerra Fría.
El Fin de la División: Un Futuro Compartido
El 27 de junio de 1989, en un acto que presagiaría la caída del Muro de Berlín, los ministros de exteriores de Austria, Alois Mock, y de Hungría, Gyula Horn, se reunieron en la frontera. Armados con cizallas, cortaron simbólicamente la valla de alambre de espino. Las imágenes dieron la vuelta al mundo y marcaron el principio del fin del Telón de Acero. Hungría había abierto la primera grieta en el bloque soviético, permitiendo que miles de alemanes orientales escaparan a Occidente a través de su territorio.

Desde entonces, la relación ha florecido. Con la caída del comunismo, la entrada de ambos países en la Unión Europea y la firma del Acuerdo de Schengen, la frontera ha vuelto a ser prácticamente invisible. Los lazos económicos son profundos: empresas austríacas invierten masivamente en Hungría y el comercio es fluido. Los ciudadanos cruzan a diario para trabajar, comprar o hacer turismo, reviviendo la interconexión que caracterizó su pasado imperial.
Tabla Comparativa: Del Imperio a las Naciones
| Característica | Imperio Austrohúngaro (c. 1910) | Austria (Actual) | Hungría (Actual) |
|---|---|---|---|
| Forma de Gobierno | Monarquía Dual Constitucional | República Federal Parlamentaria | República Parlamentaria |
| Superficie (aprox.) | 621,538 km² | 83,879 km² | 93,030 km² |
| Población (aprox.) | 53 millones | 9 millones | 9.7 millones |
| Grupos Étnicos Principales | Alemanes, Húngaros, Checos, Polacos, etc. | Austríacos | Húngaros |
Preguntas Frecuentes (FAQ)
- ¿Austria y Hungría son el mismo país?
- No. Hoy son dos países independientes y soberanos. Sin embargo, entre 1867 y 1918 formaron una unión conocida como el Imperio Austrohúngaro, bajo un mismo monarca.
- ¿Por qué se separaron Austria y Hungría?
- El Imperio Austrohúngaro fue una de las potencias derrotadas en la Primera Guerra Mundial. Como resultado, el imperio se disolvió en 1918 y de sus territorios surgieron o se expandieron varias naciones, incluyendo las repúblicas separadas de Austria y Hungría.
- ¿Qué idioma se hablaba en el Imperio Austrohúngaro?
- No había un único idioma oficial. El alemán y el húngaro eran las lenguas administrativas principales en sus respectivas mitades del imperio, pero se reconocían y hablaban oficialmente muchos otros idiomas como el checo, polaco, croata o rumano.
- ¿Cómo es la relación entre ambos países hoy en día?
- Es una relación muy estrecha y positiva. Ambos son miembros de la Unión Europea y del Espacio Schengen, lo que permite la libre circulación. Tienen fuertes lazos económicos, culturales y turísticos, y colaboran estrechamente en asuntos regionales.
La historia de Austria y Hungría es un poderoso recordatorio de cómo las fronteras y las alianzas pueden cambiar, pero los lazos forjados por una historia compartida perduran. De ser el centro de un imperio multinacional a estar separados por una cortina ideológica, y finalmente a reencontrarse como socios iguales en un proyecto común europeo, su viaje conjunto es un microcosmos de la propia historia de Europa en los últimos 150 años.
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