18/03/2025
"¡Guerra! ¿Para qué sirve? ¡Absolutamente para nada!". Este famoso estribillo de la canción de Edwin Starr de 1970 resume un sentimiento casi universal: la guerra es el peor de los males, una fuerza puramente destructiva que solo trae miseria y muerte. Hemos sido testigos de sus horrores a través de la historia y en relatos de primera mano, como los del periodista Robert D. Kaplan entre marines en Faluya o junto a montículos de soldados muertos en la guerra Irán-Irak. El horror es real, tangible y visceral. Sin embargo, un análisis frío y distante de miles de años de historia humana, como el que propone el historiador y arqueólogo de Stanford, Ian Morris, revela una conclusión tan impactante como incómoda: la guerra, paradójicamente, ha sido el principal motor del progreso humano y el instrumento que ha hecho del mundo un lugar drásticamente más seguro.

Un Vistazo a los Números: De la Violencia Primitiva a la Paz Moderna
Para entender esta tesis, primero debemos despojarnos de la idea romántica del "noble salvaje" y de las sociedades primitivas como paraísos pacíficos. La evidencia arqueológica y antropológica pinta un cuadro muy diferente. En la Edad de Piedra, aunque los conflictos a gran escala eran raros, la violencia interpersonal —homicidios, vendettas, incursiones tribales— era endémica. Las poblaciones eran pequeñas, por lo que este goteo constante de muertes tenía un impacto devastador. Se estima que un individuo en la prehistoria tenía entre un 10% y un 20% de probabilidades de morir a manos de otra persona. Era un mundo de miedo constante, más parecido a "El Señor de las Moscas" de William Golding que a una utopía natural.
Ahora, avancemos rápidamente al siglo XX, a menudo considerado el más sangriento de la historia. Con dos guerras mundiales, genocidios, armas nucleares y un sinfín de conflictos civiles, la cifra de muertes violentas se eleva a una aterradora suma de entre 100 y 200 millones de personas. Sin embargo, durante ese mismo siglo, vivieron aproximadamente 10 mil millones de seres humanos. Un simple cálculo revela que la probabilidad de morir violentamente en el siglo XX se redujo a solo un 1% o 2%. Y en lo que va del siglo XXI, según datos de las Naciones Unidas, esa cifra ha caído aún más, a un 0.7%. La conclusión es ineludible: a pesar de la escala industrial de la guerra moderna, vivimos en la era más pacífica de la historia de nuestra especie. La pregunta es, ¿cómo llegamos aquí?
El Nacimiento del Leviatán: El Monstruo que Trajo el Orden
La respuesta, según Morris, reside en la propia guerra. A partir de hace unos 10.000 años, un nuevo patrón comenzó a emerger: los vencedores de las guerras empezaron a incorporar a los vencidos en sociedades más grandes y complejas. Para gobernar estos nuevos conglomerados humanos, los líderes se vieron obligados a crear estructuras de gobierno más fuertes y centralizadas. Y una de las primeras y más cruciales tareas de estos gobiernos era suprimir la violencia interna. No lo hicieron por bondad o por un elevado sentido de la moral, sino por pura pragmática: los súbditos pacíficos y ordenados son más fáciles de gobernar, de organizar y, sobre todo, de gravar con impuestos. Los estados que lograban monopolizar la violencia y pacificar sus territorios prosperaban y se expandían; los que no, colapsaban o eran absorbidos.
Este concepto fue descrito en el siglo XVII por el filósofo Thomas Hobbes, quien lo llamó el Leviatán, en alusión al monstruo bíblico invencible. El Leviatán es ese gobierno central poderoso que, al monopolizar el uso legítimo de la fuerza, logra que los ciudadanos dejen de temerse unos a otros y pasen a temer únicamente a la autoridad superior. La ironía trágica de la historia es que este Leviatán pacificador casi nunca ha surgido del debate racional o del consenso voluntario. Ha sido forjado en el fuego de la guerra. La gente rara vez cede sus libertades, incluida la libertad de matarse unos a otros, a menos que se vea obligada por una fuerza abrumadora.
El Legado de los Imperios: ¿Pacificadores a la Fuerza?
La historia de los imperios es el ejemplo más claro de este proceso. Las conquistas de Roma sobre las tribus de Europa fueron de una brutalidad inimaginable. La famosa frase del historiador Tácito, "hicieron un desierto y lo llamaron paz", captura perfectamente el horror de la conquista. Sin embargo, una vez que el polvo se asentó, ese "desierto" se convirtió en la región más desarrollada, productiva y segura de la cuenca mediterránea. Para el ciudadano promedio, la vida bajo la Pax Romana, aunque sujeta a la autoridad imperial, era infinitamente más segura y predecible que la existencia precaria en las tribus bárbaras vecinas. El Leviatán romano aplastó la violencia local, incluso mientras la ejercía a una escala masiva en sus fronteras.
Este patrón se repite a lo largo de la historia. Desde la antigua Persia hasta los imperios británico, francés u holandés, el imperialismo, a pesar de sus innegables injusticias y explotación, ha tendido a crear unidades políticas más grandes y pacíficas internamente, fomentando el comercio, el desarrollo y un cierto universalismo que trascendía las lealtades tribales o étnicas. Por supuesto, no todos los Leviatanes son iguales. Los regímenes totalitarios como la Alemania de Hitler o la Unión Soviética de Stalin fueron monstruos que llevaron la violencia estatal a extremos genocidas. Sin embargo, en la gran panorámica de la historia, la tendencia general ha sido que las guerras "productivas" —aquellas que crean estados más grandes y estables— han reducido la tasa global de muerte violenta.

Sociedad Pre-Leviatán vs. Sociedad con Leviatán
| Característica | Sociedad Pre-Leviatán (Ej: Edad de Piedra) | Sociedad con Leviatán (Ej: Estado Moderno) |
|---|---|---|
| Riesgo de Muerte Violenta | Alto (10-20%) | Muy bajo (<1%) |
| Fuente de Violencia | Interpersonal, tribal (vendettas, asaltos) | Organizada por el estado (guerra, policía) |
| Escala de la Sociedad | Pequeña (bandas, tribus) | Grande (naciones, imperios) |
| Organización Política | Descentralizada o inexistente | Centralizada, con monopolio de la fuerza |
| Seguridad Personal | Baja y dependiente de la fuerza personal/grupal | Alta y garantizada por las instituciones |
La Era del "Globocop" y una Verdad Incómoda
¿Qué forma adopta este patrón en el siglo XXI? Ya no vivimos en una era de conquistas imperiales directas. En cambio, según Morris, el sistema ha evolucionado hacia un orden global mantenido por un único poder hegemónico, un Globocop, papel que Estados Unidos ha desempeñado, con todas sus imperfecciones, desde el fin de la Guerra Fría. La inmensa capacidad militar de EE.UU., su armada que patrulla todas las rutas marítimas y su fuerza aérea que domina los cielos, crea un efecto disuasorio que ha eliminado, hasta ahora, las guerras a gran escala entre las principales potencias mundiales. Organizaciones como la ONU, la UE y los movimientos por la paz han contribuido enormemente, pero la lección de la historia es que, en última instancia, la paz a gran escala a menudo requiere la sombra de una fuerza abrumadora.
Aceptar esta tesis es moralmente difícil. Es una verdad profundamente incómoda. Para las millones de víctimas reales de la guerra a lo largo de la historia, la idea de que su sufrimiento contribuyó a un patrón milenario de pacificación es, como admite Morris, una "broma cruel". El hecho de que la guerra haya tenido este efecto no la convierte en algo bueno o deseable. Simplemente describe un mecanismo histórico, el único que la humanidad parece haber encontrado para superar la violencia endémica de las sociedades pequeñas y descentralizadas y construir la relativa paz de la que disfrutamos hoy.
¿Y Ahora Qué? El Futuro de la Guerra y la Paz
El gran desafío de nuestro tiempo es si podemos mantener esta paz sin el catalizador de la guerra. Autores como Morris y Steven Pinker son cautelosamente optimistas, señalando que la tendencia a la baja de la violencia continúa. Sin embargo, la historia también ofrece una advertencia. El siglo XIX en Europa fue un período de paz y progreso sin precedentes entre las grandes potencias, lo que llevó a muchos a creer que la guerra a gran escala era una reliquia del pasado. Esa ilusión se hizo añicos en las trincheras de 1914.
Hoy nos enfrentamos a una nueva paradoja: mientras que las guerras del pasado crearon Leviatanes cada vez más grandes, una futura guerra entre las grandes potencias, con el armamento nuclear y tecnológico actual, podría no crear un Leviatán global, sino destruir la civilización por completo. El futuro de la humanidad depende de nuestra capacidad para encontrar una nueva forma de mantener el orden y resolver conflictos, una que finalmente rompa con el ciclo de violencia productiva que nos trajo hasta aquí. Hemos alcanzado un nivel de seguridad sin precedentes, construido sobre una montaña de cráneos. La pregunta es si somos lo suficientemente sabios para preservarlo sin tener que añadir más a la pila.
Preguntas Frecuentes
- ¿Esta teoría afirma que la guerra es algo bueno?
- No. La teoría no hace un juicio moral sobre la guerra. Simplemente observa que, históricamente, ha tenido el efecto paradójico de crear sociedades más grandes y pacíficas. Distingue entre la brutalidad del acto y su consecuencia a largo plazo, que es la reducción de la violencia general.
- ¿Cómo puede la violencia de la guerra reducir la violencia general?
- Al dar como resultado la creación de gobiernos fuertes (Leviatanes) que monopolizan el uso de la fuerza. Estos gobiernos suprimen formas de violencia más pequeñas pero constantes y mortales a nivel porcentual, como las disputas, las incursiones y los homicidios que eran comunes en sociedades sin estado.
- ¿Todas las guerras han sido "productivas" en este sentido?
- No. Morris distingue entre guerras "productivas", que construyen estados más grandes y estables (como las de Roma), y guerras "contraproducentes", que conducen al colapso de la sociedad y a un aumento de la anarquía y la violencia (como las que siguieron a la caída del Imperio Romano).
- ¿Qué papel juega Estados Unidos en esta teoría actualmente?
- Actúa como un "Globocop" o poder hegemónico global. Su dominio militar disuade a otras grandes potencias de entrar en guerra entre sí, manteniendo una paz a gran escala que no se había visto en la mayor parte de la historia humana.
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