16/10/2006
En la cima de la Colina de Rhaenys, dominando el horizonte de Desembarco del Rey, se erigía una estructura colosal que era tanto una maravilla arquitectónica como una declaración de poder absoluto: el Pozo de Dragones. Este inmenso domo no era solo un establo para las bestias aladas de la Casa Targaryen; era el corazón latente de su dinastía, un símbolo tangible de su dominio sobre los Siete Reinos, forjado en el fuego y la sangre de la Conquista. Sin embargo, como toda gran historia en Westeros, la del Pozo de Dragones está teñida de tragedia. Su caída no fue causada por un ejército enemigo ni por un cataclismo natural, sino por el miedo y el odio de la misma gente a la que los dragones debían proteger, en una noche de locura que cambiaría el destino del continente para siempre.

El Amanecer de una Era: Construcción y Propósito
Antes de la magnificencia del Pozo de Dragones, los primeros dragones Targaryen tras la Conquista eran alojados en un establo de madera en el lugar donde Aegon I y sus hermanas aterrizaron por primera vez. Esta estructura, conocida como el Foso de Dragones original, demostró ser insuficiente y peligrosa. Fue durante el reinado de Maegor 'el Cruel' cuando se inició la construcción de la imponente estructura de piedra que todos conocerían. Maegor, conocido por su brutalidad y su ambición, quería una fortaleza para sus dragones, un lugar que reflejara su poder y los mantuviera seguros y controlados.
La construcción fue una empresa monumental que duró décadas, finalizando bajo el reinado del Conciliador, Jaehaerys I. El resultado fue una cúpula gigantesca, con un techo tan vasto que se decía que treinta caballeros podrían cabalgar en círculo bajo él sin chocar. Gruesas murallas de piedra y enormes puertas de bronce y hierro estaban diseñadas no solo para mantener a los dragones dentro, sino también para impresionar y amedrentar a cualquiera que posara sus ojos sobre la fortaleza. Dentro, una serie de cavernas artificiales se adentraban en la colina, conectadas por túneles, donde los dragones eran encadenados en la oscuridad. Irónicamente, este confinamiento, pensado para su control, sería un factor clave en su posterior declive y en la masacre que estaba por venir.
La Tormenta se Avecina: La Danza de los Dragones
El Pozo de Dragones vivió su apogeo durante los reinados de paz, pero su destino quedó sellado con el inicio de la guerra civil más devastadora de la historia de la Casa Targaryen: la Danza de los Dragones. Este conflicto fratricida enfrentó a la Princesa Rhaenyra Targaryen contra su medio hermano, Aegon II, por el derecho a sentarse en el Trono de Hierro. La guerra dividió al reino, a las grandes casas y a la propia familia Targaryen. Los dragones, que antes eran un símbolo de unidad y poder disuasorio, se convirtieron en las armas principales de ambos bandos, sembrando la destrucción y la muerte por todo Westeros.
A medida que la guerra se prolongaba, el pueblo de Desembarco del Rey sufría las consecuencias. El hambre, los impuestos asfixiantes y, sobre todo, el miedo constante a un cielo lleno de fuego y muerte, crearon un caldo de cultivo para el resentimiento. Los dragones ya no eran vistos como maravillas protectoras, sino como monstruos destructivos, la causa de todo su sufrimiento. Este miedo latente solo necesitaba una chispa para estallar en un infierno incontrolable.
La Noche del Horror: El Asalto al Pozo de Dragones
Esa chispa fue encendida por un profeta callejero, un fanático conocido como el Pastor. Con sermones enardecidos en la Plaza de la Zapatería, el Pastor predicaba que los dragones eran demonios enviados por los dioses para castigar la pecaminosidad de la ciudad. Culpaba a estas bestias de la guerra, el hambre y la muerte. Sus palabras, llenas de fervor y odio, calaron hondo en una población desesperada y aterrorizada.
Una noche, durante los disturbios que asolaban la capital, el Pastor guio a una turba enloquecida de miles de personas hacia la Colina de Rhaenys. Su objetivo: el Pozo de Dragones. Querían destruir a los "demonios" en su propia guarida. Lo que siguió fue una masacre de una brutalidad inimaginable. La multitud, armada con herramientas, hachas, picas y un coraje nacido de la desesperación, asaltó la fortaleza.

Dentro del pozo se encontraban cuatro dragones encadenados:
- Shrykos: Un dragón joven, que fue asaltado por un leñador que le clavó un hacha en el cráneo.
- Morghul: Otro dragón joven, que fue asesinado por un hombre conocido como el Caballero Ardiente, quien se lanzó a sus fauces con una lanza.
- Tyraxes: Logró quemar a muchos de sus atacantes antes de ser cegado y descuartizado por la multitud.
- Dreamfyre: El más viejo y grande de los dragones en el pozo. Rompió sus cadenas en un ataque de furia, causando una carnicería entre la turba. Sin embargo, en su intento desesperado por escapar, se estrelló repetidamente contra la cúpula, debilitando la estructura hasta que esta se derrumbó sobre ella y sobre cientos de sus atacantes, matándolos a todos.
Mientras la matanza ocurría en el interior, la dragona de la Reina Rhaenyra, Syrax, fue atraída por el ruido y el olor a sangre. Descendió sobre la multitud fuera del pozo, pero sin su jinete para guiarla, fue vulnerable. La turba la rodeó, arrojándole lanzas, piedras y garfios hasta que la derribaron y la mataron. En una sola noche, cinco dragones Targaryen fueron aniquilados por el pueblo llano.
Comparativa de los Dragones Caídos en el Asalto
| Dragón | Jinete Asociado | Destino |
|---|---|---|
| Syrax | Rhaenyra Targaryen | Muerta por la multitud fuera del pozo. |
| Shrykos | Jaehaerys Targaryen | Asesinado mientras estaba encadenado. |
| Morghul | Jaehaera Targaryen | Asesinado mientras estaba encadenado. |
| Tyraxes | Joffrey Velaryon | Asesinado mientras estaba encadenado. |
| Dreamfyre | Helaena Targaryen | Murió al provocar el derrumbe de la cúpula. |
Las Ruinas de la Grandeza: Consecuencias y Legado
El Asalto al Pozo de Dragones fue un punto de inflexión. Para la Reina Rhaenyra, la pérdida de su dragón y la destrucción del pozo fue un golpe devastador del que nunca se recuperó. Para la Casa Targaryen, fue el principio del fin de su era dorada. Aunque la Danza de los Dragones continuaría, la pérdida de tantas de estas criaturas aceleró su extinción. Los pocos dragones que nacieron después eran pequeños, enfermizos y deformes, una pálida sombra de sus majestuosos ancestros. Muchos maestres creen que el confinamiento en el Pozo de Dragones, incluso antes del asalto, contribuyó a que los dragones nunca volvieran a alcanzar el tamaño y poder de Balerion, Vhagar o Meraxes.
El Pozo de Dragones quedó como una ruina ennegrecida y derruida en la Colina de Rhaenys, un monumento sombrío a la locura de la guerra y al poder del miedo colectivo. Sus muros rotos y su cúpula colapsada sirvieron como un recordatorio constante de que incluso el poder más grande puede ser derribado desde abajo. La estructura nunca fue reconstruida, y sus ruinas se convirtieron en un lugar evitado, lleno de supersticiones y fantasmas del pasado, un esqueleto de una gloria perdida que esperaría más de un siglo y medio para volver a oír, aunque fuera brevemente, el eco del poder de los dragones.
Preguntas Frecuentes
¿Por qué el pueblo atacó a los dragones?
La población de Desembarco del Rey atacó a los dragones por una combinación de miedo, desesperación y manipulación. La guerra civil de la Danza de los Dragones había traído hambre y muerte a la ciudad, y los dragones eran vistos como la causa principal de su sufrimiento. Un fanático religioso conocido como el Pastor canalizó este odio, incitando a la multitud a destruir lo que él llamaba "demonios".
¿Qué pasó con las ruinas del Pozo de Dragones?
Tras el asalto y el colapso de su cúpula, el Pozo de Dragones quedó en ruinas y nunca fue reconstruido. Se convirtió en un lugar abandonado y temido en Desembarco del Rey, un recordatorio físico de la caída de los dragones y del poder de la Casa Targaryen.
¿Fue el asalto la única causa de la extinción de los dragones?
No, pero fue un factor crucial. El asalto eliminó a cinco dragones en una sola noche, y la Danza de los Dragones en su totalidad causó la muerte de casi todos los dragones adultos que existían. Los pocos que sobrevivieron o nacieron después fueron cada vez más débiles, lo que llevó a su eventual extinción hasta el nacimiento de los dragones de Daenerys Targaryen mucho tiempo después.
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