Rastan Saga: El bárbaro que reinó en los arcades

19/11/2011

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En la década de los ochenta, si querías triunfar en el mundo del entretenimiento juvenil, solo necesitabas dos conceptos: ninjas y bárbaros. Taito, una de las reinas de los salones recreativos, lo sabía muy bien. Mientras los ninjas ya saturaban el mercado, la figura del guerrero musculoso de épocas pretéritas, inspirado en la literatura de Robert E. Howard, era un filón por explotar. Así, en 1987, la compañía japonesa afiló su mejor acero y nos presentó a Rastan, el bárbaro por antonomasia que llegaría para conquistar las máquinas arcade y grabar su nombre a fuego en la memoria de toda una generación.

¿Qué características tenía Rastan?
Con complexión de toro, cubierto con pieles – las justas – y espada en ristre, Rastan fue la respuesta a la alianza entre Schwarzenegger y el personaje de Robert E. Howard de la compañía nipona. Además llegaba acompañado del componente épico y fantástico que rodeaba las aventuras de estos señores del acero de épocas pretéritas.
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¿Quién era Rastan? El nacimiento de una leyenda

La inspiración era evidente y para nada disimulada. Rastan era la respuesta directa de Taito al éxito de Conan el Bárbaro. Desde su complexión de toro y su escueta vestimenta de pieles hasta la poderosa espada que blandía, todo en él gritaba aventura y fuerza bruta. La propia introducción del juego, o "attract mode", nos mostraba a un Rastan ya anciano, sentado en un trono, rememorando sus gestas y cómo un día llegó a ser rey, un eco directo de la icónica frase de la película de John Milius. Pero Rastan no era una simple copia; tenía una identidad propia forjada en un mundo de fantasía oscura, plagado de hechiceros, criaturas mitológicas y demonios salidos de las peores pesadillas. Su misión, al menos en la versión original, era puramente mercenaria: derrotar a un temible dragón a cambio de todos los tesoros del reino de Ceim. Un bárbaro es un bárbaro, y su código se rige por el oro y la gloria.

Rastan Saga (1987): La Obra Maestra del Arcade

Pocas máquinas recreativas tuvieron el impacto de Rastan Saga. Era un imán para las monedas de cinco duros. Desde el primer instante en que insertabas la ficha, quedabas atrapado por su hechizo. La música, una banda sonora épica y memorable compuesta por Masahiko Takaki, se convertía en el himno no oficial de cualquier salón de juegos que se preciara. Si un local no sonaba a Rastan, le faltaba algo. El juego era una sinfonía de acero, magia y desafíos que te dejaba sin aliento.

Jugabilidad y Mecánicas: Un Bárbaro Ágil y Letal

Lejos de ser un personaje tosco y lento, Rastan se movía con una agilidad sorprendente. Su control era magnífico y respondía a la perfección, permitiendo al jugador atacar mientras saltaba o se movía, una fluidez crucial para esquivar las hordas de enemigos. Podías saltar a dos alturas, escalar cuerdas y cadenas, balancearte en lianas y agacharte para evitar proyectiles. Cada golpe de espada se sentía contundente, y cada victoria, celebrada con un levantamiento de arma, era una pequeña dosis de satisfacción.

¿Qué características tenía Rastan?
Con complexión de toro, cubierto con pieles – las justas – y espada en ristre, Rastan fue la respuesta a la alianza entre Schwarzenegger y el personaje de Robert E. Howard de la compañía nipona. Además llegaba acompañado del componente épico y fantástico que rodeaba las aventuras de estos señores del acero de épocas pretéritas.

La estructura de niveles era brillante y consistente. Cada una de las seis fases se dividía en tres actos:

  • El Exterior: Un recorrido al aire libre a través de parajes inhóspitos como montañas, junglas o bosques, donde debíamos saltar precipicios y esquivar peligros naturales.
  • La Fortaleza: Una vez superado el exterior, nos adentrábamos en un castillo o mazmorra de diseño laberíntico, lleno de trampas mortales como techos con pinchos, fosos y péndulos afilados.
  • El Jefe Final: La culminación de la fase, un enfrentamiento directo en una gran sala contra una criatura formidable que ponía a prueba todo lo aprendido.

Un detalle inolvidable era su indicador de vida: un corazón palpitante que aceleraba su ritmo y cuyo sonido se intensificaba a medida que nuestra energía disminuía, creando una tensión sonora que se clavaba en tus oídos y te advertía de tu inminente final.

Un Arsenal para la Aventura

Rastan no solo contaba con su espada estándar. A lo largo de su viaje, podía encontrar armas temporales que cambiaban drásticamente el combate. Podía equiparse con un hacha de mayor alcance, un mazo que golpeaba con una fuerza demoledora o la codiciada espada de fuego, que además de dañar, lanzaba bolas de fuego a distancia. Además, una gran variedad de ítems ofrecían ventajas cruciales: escudos para protección, armaduras que reducían el daño, anillos para aumentar la velocidad de ataque, y pociones para recuperar salud. Pero cuidado, porque algunos enemigos dejaban caer veneno disfrazado de poción, una lección para no beber a lo loco. El ítem más valioso era, sin duda, la "caracabra", un trofeo que restauraba por completo la barra de vida.

El Legado en Casa

El éxito fue tan rotundo que las conversiones a sistemas domésticos no tardaron en llegar. Hubo versiones para ordenadores como el Spectrum, pero fue el cartucho para la Master System de SEGA el que se llevó los mayores elogios. No solo era una conversión muy fiel, sino que se permitió el lujo de introducir cambios, como reemplazar algunos jefes por otros nuevos y, más importante, alterar el argumento para darle un toque más heroico a Rastan. En esta versión, el bárbaro no luchaba solo por tesoros, sino también por rescatar a la princesa del reino, convirtiéndolo en un héroe más altruista.

La Trilogía: Altibajos de un Héroe

El nombre de Rastan se expandió con dos secuelas que, sin embargo, tuvieron destinos muy diferentes. La saga completa es un ejemplo perfecto de cómo una franquicia puede alcanzar el cielo, caer en el abismo y resurgir de forma inesperada.

¿Qué es la máquina Rastan?
La máquina Rastan ( Rastan Arcade) iba de un rudo guerrero muy parecido a Conan (que en la foto me recuerda a Dioni Muñiz con melena, no se yo), que tenía que destruir a un Dragón, y para ello debías ir superando una serie de fases, peleando con enemigos a cual más despiadado.

Rastan Saga II (1988): Una Secuela para el Olvido

Apenas un año después del original, Taito lanzó Rastan Saga II (conocido como Nastar Warrior en occidente), y la decepción fue monumental. El juego traicionaba casi todo lo que hizo grande a su antecesor. El protagonista era irreconocible, con un diseño más genérico. Los gráficos, aunque más coloridos, carecían de la definición y la atmósfera oscura del primero. El movimiento se volvió ortopédico y torpe, causando muertes injustas por saltos imprecisos. El diseño de niveles era anodino y los enemigos, esperpénticos. Incluso la mecánica principal de bloqueo fue reciclada de otro juego de Taito, Gladiator. Fue una secuela fallida que no estuvo a la altura del legado.

Warrior Blade: Rastan Saga Episode III (1992): Un Final Épico

Cuando todo parecía perdido, Taito cerró la trilogía en 1992 con una joya técnica que pocos pudieron disfrutar en su momento: Warrior Blade. Este juego abandonó las plataformas para convertirse en un espectacular "beat 'em up" al estilo de Golden Axe. El cambio fue para mejor. El arte visual era sublime, con un diseño de personajes y escenarios que parecían sacados directamente de las páginas de un cómic de Conan dibujado por John Buscema o Frank Frazetta. Podíamos elegir entre tres personajes: el propio Rastan, la guerrera Sofia y el ágil ladrón Dewey. El juego era una maravilla jugable, con rutas no lineales, eventos especiales y fases a caballo o en vertiginosos descensos por laderas montañosas. ¿El problema? Su ambición técnica. Warrior Blade funcionaba en una máquina especial con dos pantallas para crear una vista panorámica, un hardware imposible de replicar en las consolas de la época. Esto lo condenó a ser una leyenda exclusiva de los arcades hasta su inclusión en recopilatorios para PlayStation 2 muchos años después.

Tabla Comparativa de la Saga Rastan

JuegoAñoGéneroCaracterísticas DestacadasRecepción
Rastan Saga1987Plataformas de AcciónJugabilidad pulida, atmósfera fantástica, power-ups, banda sonora icónica.Clásico de culto, éxito masivo en arcades.
Rastan Saga II1988Plataformas de AcciónSistema de bloqueo en tres alturas, gráficos más coloridos.Gran decepción, considerado muy inferior al original.
Warrior Blade: Rastan Saga Episode III1992Beat 'em up3 personajes, rutas alternativas, hardware de doble pantalla, arte soberbio.Joya oculta, técnicamente impresionante pero poco conocido.

Preguntas Frecuentes (FAQ) sobre Rastan

¿En qué se inspiraba Rastan?
La principal inspiración para el personaje y el mundo de Rastan fue, sin lugar a dudas, Conan el Bárbaro, el personaje creado por Robert E. Howard y popularizado en el cine por Arnold Schwarzenegger.
¿Cuál es el mejor juego de la saga?
La opinión es casi unánime: el primer Rastan Saga de 1987 es la obra cumbre y un clásico atemporal de los salones recreativos. Su jugabilidad, música y diseño lo convierten en una experiencia inolvidable.
¿Por qué Rastan Saga II es tan diferente y mal considerado?
La secuela cambió radicalmente el estilo artístico y, lo que es peor, la jugabilidad. Introdujo un control mucho más rígido y lento, un diseño de niveles poco inspirado y enemigos extraños que rompían con la atmósfera del original, lo que provocó el rechazo de los fans.
¿Se puede jugar a Warrior Blade: Rastan Saga Episode III en casa?
Sí. Aunque durante muchos años fue exclusivo de los arcades por su complejo hardware, Taito lo incluyó en la compilación Taito Legends 2 para PlayStation 2, Xbox y PC, permitiendo que una nueva generación descubriera esta joya oculta.

El Rey Bárbaro

Rastan no protagonizó más juegos, pero su figura ha perdurado, haciendo cameos ocasionales en otros títulos de Taito. A sus espaldas queda una trilogía con uno de los mejores juegos de acción de los 80, una secuela desastrosa y un final tan épico como desconocido. Y por supuesto, siempre nos quedará esa historia que nos contaron al principio, la de cómo un bárbaro errante llegó a sentarse en un trono. Pero esa, como decían, es una historia que debe ser jugada.

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