16/06/2017
En el vasto universo de los videojuegos, existen obras que trascienden su propia naturaleza para convertirse en declaraciones de intenciones, en gritos de autor. Travis Strikes Again: No More Heroes es, sin duda, una de esas obras. Lejos de ser una secuela convencional, este título es un proyecto modesto pero inmensamente personal para su creador, Goichi Suda, mejor conocido como Suda51. Representa su regreso a la dirección creativa total tras casi una década, un periodo en el que el estudio Grasshopper Manufacture exploró caminos más comerciales. Este juego es un retorno a la extrañeza, a la experimentación y, sobre todo, es una profunda reflexión sobre la vida de un creador en una industria a menudo implacable.

Una historia de venganza, videojuegos y redención
La trama nos sitúa varios años después de los eventos de No More Heroes 2. Travis Touchdown, el otaku asesino, ha decidido colgar su Beam Katana y vivir una vida tranquila en una caravana en Texas, dedicando sus días a los videojuegos indie. Sin embargo, la paz dura poco. Bad Man, el padre de la asesina Bad Girl (a quien Travis derrotó en el primer juego), irrumpe en su vida buscando venganza. El enfrentamiento se ve interrumpido por un giro surrealista: una consola de videojuegos legendaria y maldita, la Death Drive MK-II, se activa con una de sus "Death Balls" (cartuchos de juego), absorbiendo a ambos contendientes a su mundo digital. Ahora, Travis y Bad Man deben colaborar para superar los seis juegos de la consola y, según la leyenda, conseguir que se les conceda un deseo. Para Bad Man, es la oportunidad de resucitar a su hija. Para Travis, es el comienzo de un viaje inesperado hacia el corazón de su propia pasión por los videojuegos y el encuentro con el legado de la enigmática desarrolladora de la consola, la Dra. Juvenile.
Un espejo del alma de un creador
Más allá de su premisa de acción, Travis Strikes Again es una compleja metáfora sobre la carrera de Suda51. El juego utiliza a la figura de la Dra. Juvenile para canalizar las frustraciones de Suda con la industria de los videojuegos, retratando sus luchas para materializar sus ideas creativas en un entorno dominado por grandes editoras y presupuestos. Travis, por su parte, se convierte en el vehículo de la propia introspección de Suda. A medida que avanza por los mundos digitales de la Death Drive, Travis reflexiona sobre su amor por los videojuegos, su pasado y su identidad. El motivo recurrente de "matar el pasado", tan presente en la obra de Suda, alcanza aquí un nuevo nivel. Travis no solo lucha contra enemigos digitales, sino también contra sus propios ídolos y demonios, culminando en un enfrentamiento que simboliza la destrucción de su antiguo yo para poder renacer. Es un juego con un guion brillante que, a pesar de la ausencia de doblaje en muchas de sus escenas, logra transmitir una profunda carga emocional y filosófica.
Una carta de amor a la cultura del videojuego
El juego es una celebración constante de la cultura gamer, pero no desde una perspectiva autocomplaciente, sino desde una nostalgia melancólica y sincera. Cada nivel, o "Death Ball", es un homenaje a un género o una era diferente. La estética a menudo imita las imperfecciones de la época, como el formato de pantalla 4:3. Además, el juego está repleto de detalles que encantarán a los aficionados:
- Revistas falsas: Puedes leer avances de los juegos ficticios de la Death Drive, que incluyen trucos reales que puedes introducir en el propio nivel.
- Camisetas indie: Travis puede coleccionar y vestir camisetas de juegos indie reales como Hollow Knight, Undertale, The Stanley Parable y muchos más, en un claro guiño de Suda a los creadores independientes que admira.
- Referencias directas: El juego no tiene reparos en nombrar a Devolver Digital o en elogiar constantemente el motor gráfico con el que fue creado, el Unreal Engine.
Este enfoque hace que incluso los niveles, a veces descritos como "vacíos", se sientan deliberados. La soledad de Travis en estos mundos digitales inacabados o corruptos refuerza el tono introspectivo de su viaje personal.
Jugabilidad: Un caótico y adictivo cóctel arcade
En su núcleo, el combate de Travis Strikes Again puede describirse como un hijo bastardo entre Smash TV y Hotline Miami. Desde una perspectiva cenital, te abres paso a través de hordas de enemigos usando ataques ligeros y pesados con tu Beam Katana. La mecánica de recargar el arma agitándola regresa, y se añaden movimientos como un esquive y un salto. La verdadera profundidad del sistema de combate reside en los "Chips de Habilidad". A medida que avanzas, recoges estos chips que te otorgan poderes especiales con tiempo de reutilización, desde ataques devastadores hasta habilidades de apoyo como crear señuelos, levantar muros defensivos o ejecutar un dash mejorado. Experimentar con diferentes combinaciones de chips es clave para superar los desafíos y añade una capa estratégica muy adictiva. Aunque el comienzo puede parecer simple y algo tosco, el sistema de combate florece a medida que desbloqueas más habilidades, convirtiéndose en un ballet de destrucción y estrategia.
Comparativa con la saga principal de No More Heroes
| Característica | No More Heroes 1 & 2 | Travis Strikes Again |
|---|---|---|
| Perspectiva | Tercera persona | Cenital / Isométrica |
| Género Principal | Hack and Slash 3D | Brawler / Arcade de acción |
| Estructura | Mundo semiabierto + niveles lineales | Selección de niveles (dentro de juegos) |
| Tono Narrativo | Satírico y centrado en la acción | Introspectivo y metanarrativo |
El ritmo, el estilo y una banda sonora inolvidable
Uno de los puntos más divisivos del juego es su ritmo. Los niveles son largos, muy largos. Completar uno puede llevar fácilmente más de una hora, lo que puede resultar agotador debido a la simplicidad de algunos tramos. Sin embargo, cada mundo introduce mecánicas únicas para mantener el interés, como secciones de plataformas, puzles laberínticos o incluso un sorprendente minijuego de carreras con gráficos vectoriales. Lo que nunca falla es su apartado audiovisual. El estilo artístico es inconfundiblemente Suda51, pero es la banda sonora, compuesta principalmente por Kazuhiro Abu, la que eleva la experiencia. La música es una mezcla ecléctica que evoca diferentes eras de los videojuegos, desde rap japonés en "Welcome to Hell" hasta funk caótico en "Sheepman Attacks", creando una atmósfera única que se queda grabada en la memoria.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Necesito haber jugado los anteriores No More Heroes?
No es estrictamente necesario, ya que la historia principal es autoconclusiva. Sin embargo, disfrutarás mucho más de las referencias, el desarrollo de Travis y las conexiones con el lore si has jugado al menos el primer No More Heroes.
¿Es un juego cooperativo?
¡Sí! El juego se puede disfrutar por completo en modo cooperativo local, con un jugador controlando a Travis y otro a Bad Man. Esto añade una nueva dimensión a la jugabilidad.
¿Qué versión del juego me recomiendan?
Las versiones de PC y PS4 (Complete Edition) son las más recomendables. Incluyen todo el contenido descargable (DLC) de serie, que expande la historia y sirve de puente directo hacia No More Heroes III.
¿Es una secuela directa? ¿Conecta con No More Heroes 3?
Es un spin-off, no una secuela directa. Sin embargo, su historia es canon y los eventos que ocurren, especialmente en el DLC, son fundamentales para entender el inicio y la trama de No More Heroes III.
Conclusión: El punk no ha muerto
Travis Strikes Again: No More Heroes es el juego más interesante que Grasshopper Manufacture ha lanzado en años. Es una obra imperfecta, desordenada y llena de decisiones de diseño que pueden alejar al público más casual. Pero debajo de esa superficie áspera se encuentra un juego con un corazón y un alma inmensos. Es una experiencia que mejora cuanto más juegas, a medida que desentrañas las posibilidades de su sistema de combate y te sumerges en sus múltiples capas temáticas. Es la prueba de que Suda51 ha vuelto, con su visión intacta y su espíritu punk más vivo que nunca. En un mundo de experiencias pulidas pero a menudo vacías, Travis Strikes Again es un recordatorio audaz y necesario del poder de los videojuegos como forma de expresión personal.
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